
No podía ser de otra manera, llevo ya un tiempo con la idea de abrir un blog para hablar de lo que más me gusta hablar, de música y sobretodo de discos. Pensaba empezar hablando, poco a poco, de los discos más importantes de mi vida, pero la emoción no me ha dejado.
Es posible, quién puede saberlo, que en unos años este disco haya penetrado en mi lo suficiente como para que lo considere uno de los discos más importantes de mi vida, ayer lo he escuchado por primera vez gracias a El País, y no quepo de emoción.
Tengo de todo en mi vida, desde discos que el primer flechazo aun me dura hasta discos que en la primera escucha los repudié para luego recapacitar.
Para empezar a explicar que siento al oír este disco hay que hacer una primera y necesaria aclaración, mi disco favorito de Los Planetas es La Leyenda del Espacio, sin dudas; el resto de discos los adoro, pero es La Leyenda del Espacio la que yo elegiría si tuviera que quedarme sólo con uno. Esto facilita mucho que Los Evangelistas y su Homenaje a Morente me hayan calado tan rápido y tan profundo.
Comienza el disco solemne y poco a poco se va desplegando el repertorio. En el disco hay de todo, y hablo desde el desconocimiento total del flamenco, pero hablo desde la emoción, de lo que me transmiten las canciones y las sensaciones que provocan en mi.
"Gloria" es soberbia, pura introducción, solemne voz de Antonio Arias, remarcada tímidamente por J. Atmósfera neblinosa que se va aclarando hasta que Erik decide romperla con uno de sus mágicos redobles imposibles de ejecutar pero también de olvidar. La guitarra de Florent se va calentando y va desvelando filigranas. La marea intensa parece que no se puede detener, crece sin parar, se llena de matices, ruidos, intensidades variadas todas rodeadas por un inmenso Erik. Y con esto sólo cabe preparase para un disco intenso y emocionante.
Con un arranque que bien podría parecer Pink Floyd (Take it back) comienza "Decadencia". Falsa percepción, la canción es una tranquila espiral que por corrientes fluidas y parsimoniosas nos va llevando a la lisergia y la fascinación, dejándonos en un estado de ensoñación despierta e inmutable dentro de la espiral de ruido creado.
El bajo de Antonio nos saca de ese estado recordándonos dónde estamos. Esto es serio, no se trata de un mero ejercicio estilístico. J se va llorando mientras explotan a su lado las miserias que le acompañan. Le seguimos silenciosamente mientras asciende dolido. Se multiplican las guitarras y como "la nieve, dónde no le hace falta no se entretiene". Y así se va "Serrana de Pepe de la Matrona".
Llegamos a un momento clave, desde el arranque nos damos cuenta que esta no es una canción cualquiera, está puesta en ella toda la pasión. "En un sueño viniste" rápidamente se entrelazan los cuatro instrumentos en un mantra. Parecería que quiere acurrucarnos, hasta que nos sacude suavemente y, estalla en un gran apoteosis, en la que encontramos navegando en el mismo mar agitado lo mejor de Lagartija Nick, de Los Planetas y de una procesión de ángeles negros que se arrastran sin desesperar a través de las pesadas cenizas humeantes en busca de redención. Maravilloso encuentro.
Prosigue, en "Encima de las corrientes", J desgranando sus penas. Es un camino conocido que, de repente y, sin avisar, se vuelve vertiginoso. Lanzados emocionalmente a través de un túnel multicolor, el vehículo perfecto para huir de las penas. Al furioso ritmo de Erik se une una zigzagueante guitarra que no deja de empujarnos y evita que nos detengamos a pensar. Es tarde, hay urgencia. Nos espera Morente.
Entre los humos provocados por la huida, acompañados de un desgarrador grito nos encontramos "Delante de mi madre". Los Evangelistas se hacen a un lado para ceder el protagonismo a Carmen Linares, quién se desangra al frente de la canción, tirando del carro. El escenario montado por Los Evangelistas está lleno de respeto y consideración, creando la atmósfera necesaria para desatar el dolor.
Enlaza esta emoción con "Yo poeta decadente", Antonio Arias recita suavemente las oscuridades de la canción. Florent enmarca las imágenes de forma inconfundible. A estas alturas está claro que cada uno de los miembros de Los Evangelistas están rindiendo tributo a Morente desde sus virtudes propias, no intentando emular al maestro sino mostrando sus habilidades al servicio de sus canciones. Se elevan las confesiones del poeta en voz femenina.
En la búsqueda de "La Estrella" se afilan los versos en forma de guitarras solemnes y afiladas. En un mar de sonidos solo Erik parece mantener el paso del tiempo. Se van uniendo las voces y guitarras en la fallida búsqueda.
Nos canta "El loco" que vive equivocado, entre otras cosas porque parece sacada no tanto de un homenaje a Morente sino de un disco de los propios Planetas o, incluso, Lagartija Nick. La razón de esta inclusión, dicen, que es fruto de lo que aprendieron de él. El caso es que les ha salido una canción redonda.
Con el "Amante" recuperamos la senda del homenaje. En este caso el ritmo infeccioso se va ayudando de unas voces que susurran mientras la guitarra juega alegre, corretea por las notas, aparece y desaparece risueña. Es el Florent que conocemos de los últimos tiempos, capaz de expresar y frasear con la guitarra como si no costara esfuerzo lo que hace.
No podían faltar las "Alegrías de Enrique". Algunas de las mejores canciones que han adaptado Los Planetas en sus últimos discos son "alegrías" y aquí no decepcionan, todo lo aprendido se transcribe en una canción perfecta, que va tranquila y que sin estridencias se va metiendo poco a poco en tu cabeza.
"Dónde pones el alma" cierra el disco de la mejor manera posible. Poniendo buena cara y con una sonrisa. Una melodía primaveral adornada con campanas y un estribillo recomendable.
Está claro que para Los Evangelistas el legado de Morente debe ser tratado como una mezcla de respeto y alegría. En el disco dejan muestra de numerosas facetas que hará las delicias de los seguidores de Los Planetas, en sus dos últimos discos, y de los que se interesaron por Lagartija Nick a partir del "Omega", para el resto es, sin duda, una buena oportunidad para intentar subirse a ese carro, es minoritario pero merece la pena.
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